La sexualidad en la tercera edad: un tema tabú que hay que abordar

La sexualidad en la tercera edad: un tema tabú que hay que abordar

23 febrero 2025

La sexualidad no tiene fecha de caducidad, pero muchas veces la sociedad parece creer lo contrario. Explorar la intimidad y el deseo en la tercera edad sigue siendo un tema rodeado de prejuicios y silencios que es necesario romper. Para las personas mayores y sus cuidadores, entender que la sexualidad forma parte integral del bienestar emocional y físico puede marcar la diferencia en la calidad de vida.


La conversación sobre sexualidad en la tercera edad suele generar incomodidad, y no es casualidad. Una sociedad que glorifica la juventud ha construido una muralla de silencio alrededor de la intimidad de las personas mayores, como si el deseo fuera un privilegio exclusivo de los jóvenes. Esta actitud no solo es errónea, sino dañina para millones de personas que continúan experimentando necesidades afectivas y físicas pasados los 65 años. Los datos hablan por sí solos: según diversos estudios, entre el 60% y 70% de las personas mayores de 70 años mantienen algún grado de actividad sexual, y la inmensa mayoría considera que la intimidad sigue siendo importante en sus vidas. Sin embargo, la falta de información, los prejuicios sociales y, en muchos casos, la negligencia del sistema sanitario, convierten un aspecto natural de la vida en un tabú que genera frustración y aislamiento.

Desmontando mitos sobre sexualidad y envejecimiento

El primer mito que debemos desterrar es que la sexualidad desaparece automáticamente con la edad. Aunque es cierto que el cuerpo experimenta cambios, estos no implican necesariamente el fin de la vida sexual. Las transformaciones hormonales, como la reducción de testosterona en hombres o los cambios post-menopáusicos en mujeres, modifican la respuesta sexual, pero no la eliminan. Otro prejuicio común es que los medicamentos comunes en esta etapa de la vida son incompatibles con una vida sexual activa. Si bien algunos fármacos pueden tener efectos sobre la libido o la función sexual, existen alternativas y ajustes que permiten mantener la intimidad. La comunicación franca con los profesionales sanitarios es fundamental para encontrar el equilibrio adecuado entre salud y bienestar sexual. La idea de que la sexualidad en personas mayores es "inapropiada" o "antinatura" refleja más nuestros propios miedos al envejecimiento que una realidad biológica. El deseo y la necesidad de contacto íntimo son parte del espectro emocional humano en todas las etapas de la vida. Negarlo equivale a negar una parte fundamental de la dignidad humana.

Cómo mantener la intimidad a pesar de las limitaciones

Las limitaciones físicas que pueden acompañar al envejecimiento no tienen por qué ser el final de la intimidad. La artritis, la diabetes, las enfermedades cardiovasculares o la movilidad reducida requieren adaptaciones, pero no imponen una barrera infranqueable. La clave está en redefinir la sexualidad más allá del acto sexual tradicional. La intimidad puede expresarse a través del contacto piel a piel, las caricias, los besos y la cercanía emocional. Para muchas parejas que han compartido décadas juntas, estas formas de conexión pueden ser incluso más satisfactorias que la penetración. Es importante que tanto las personas mayores como sus cuidadores comprendan que la sexualidad es un espectro amplio, no un acto único. La comunicación entre parejas se vuelve especialmente crucial en esta etapa. Hablar abiertamente sobre limitaciones, deseos y nuevas formas de experimentar el placer puede fortalecer la relación y llevarla a territorios inexplorados. No es raro que parejas de larga duración descubran aspectos de su sexualidad precisamente cuando se ven obligadas a explorar nuevas formas de intimidad.

Adaptaciones necesarias y ayudas disponibles

El mercado ha respondido, aunque lentamente, a las necesidades específicas de este grupo demográfico. Existen lubricantes especialmente formulados para pieles más sensibles, productos de higiene íntima adaptados a los cambios corporales, y dispositivos de asistencia que facilitan el mantenimiento de posiciones cómodas durante el acto sexual. Los profesionales de la salud han comenzado a reconocer la importancia de abordar la sexualidad como parte integral del cuidado geriátrico. Terapeutas sexuales especializados en tercera edad, urólogos con formación en sexología, y ginecólogos que comprenden las particularidades de la menopausia tardía son recursos invaluables que cada vez son más accesibles. En entornos residenciales, la situación presenta desafíos adicionales. Es fundamental que las residencias y centros de día desarrollen políticas claras que respeten la privacidad y la dignidad sexual de sus residentes. Esto incluye desde garantizar espacios privados para las parejas hasta formar al personal en el respeto hacia la expresión sexual de las personas mayores.

La importancia del apoyo familiar y profesional

Los familiares y cuidadores juegan un papel crucial en normalizar la sexualidad en la tercera edad. La incomodidad de los hijos adultos ante la vida sexual de sus padres es comprensible, pero debe superarse en favor del bienestar integral de la persona mayor. Reconocer que nuestros padres y abuelos son seres sexuales es parte de aceptar su humanidad completa. Los profesionales sanitarios también deben superar sus propios prejuicios y formarse adecuadamente para ofrecer consejo y apoyo en este ámbito. Un médico que se ruboriza o evita hablar de sexualidad con sus pacientes mayores está fallando en proporcionar un cuidado integral.

Hacia una nueva comprensión de la sexualidad madura

Es hora de reconocer que la sexualidad en la tercera edad no es una versión degradada de la juventud, sino una expresión única y valiosa de la intimidad humana. Con la experiencia viene una comprensión más profunda del propio cuerpo, una mayor paciencia para el placer, y frecuentemente, una liberación de las inhibiciones que caracterizaron décadas anteriores. La sexualidad madura puede enseñarnos mucho sobre conexión emocional, ternura y la importancia del contacto humano. En una sociedad cada vez más aislada, las personas mayores que mantienen vidas sexuales activas nos recuerdan que el deseo de conexión íntima no desaparece con las arrugas.

Conclusión: rompiendo el silencio

Abordar la sexualidad en la tercera edad no es solo una cuestión de salud física o mental; es un acto de justicia social que reconoce la dignidad inherente de todas las personas, independientemente de su edad. Cuando normalizamos y apoyamos la expresión sexual de las personas mayores, estamos construyendo una sociedad más inclusiva y humana. El silencio y la vergüenza han reinado demasiado tiempo sobre este tema. Es momento de que familias, profesionales sanitarios y la sociedad en general abramos el diálogo, ofreciendo apoyo, comprensión y recursos para que las personas mayores puedan vivir su sexualidad plenamente. Después de todo, envejecer no significa renunciar a ser humano en todos los aspectos de la palabra.

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